- Fechas
- Desde 8 de septiembre de 2026
- Precio
- Gratis
- Capítulos · Retos
- 4 · 16
4500 dólares Hunt
5250 de EXP de linaje
Cuenta para el equipo Las bajas y el daño de tus compañeros también hacen avanzar este reto
Inflige daño a los cazadores enemigos
Recoger pistas o visitar recintos
Localizar al objetivo: Sangrante
Acertar impactos contra: Sangrante
Alcanzar el nivel de cazador 30 o más con: Prudence Stallworth: Justa
Mata Blindados con: daño de perforación
Destruir la armadura del Sangrante
Infligir daño a los puntos débiles bajo la armadura del Sangrante
Alcanzar el nivel de cazador 40 o más con: Laura Gottschalk: Justa
Infligir daño al Sangrante mientras está en su forma descarnada usando: Daño de fuego
Infligir daño a la escolopendra torácica del Sangrante
Acertar disparos en la cabeza a monstruos
Infligir daño a los cazadores enemigos con: daño de desgarro
Matar al Sangrante mientras sigue en su forma con costras
Interrumpir el ataque en salto del Sangrante
Desterrar al objetivo: Sangrante
Entrevista con Ambrose Hazen. Entrevistador: Harold Black. Transcripción mecanografiada, preguntas omitidas. Papel, 20 x 27 cm.
Parece que Stallworth, Gottschalk y yo fuimos los primeros que vimos esa cosa. Pero no estábamos dándole caza. Ni siquiera sabíamos que había algo que cazar. A quien estábamos buscando era a Lynch. Sabíamos que estaba recolectando sangre, y que el motivo, fuera cual fuera, seguro no era bueno. Todos teníamos razones para tratar de pararle los pies. Cuando nos enteramos de que ese medicucho estaba también en el ajo, decidimos atacar. Pero ellos tenían mejores armas. Intentamos ocultarnos en el edificio, y allí permanecimos, escuchando los gritos, hasta que pensaran que nos habíamos ido y todo se calmara un poco.
Pero los gritos eran cada vez más fuertes. Se produjo un estrépito, luego más gritos y, de repente, esa cosa apareció como si pudiera escuchar el latido de nuestros corazones. Estaba envuelta en unas tiras de cuero, como las sujeciones que teníamos que usar para las amputaciones en el 26, pero luego se le cayeron. El olor… el hedor de toda aquella sangre… Mira, da igual. Esa cosa escapó, pero también nosotros conseguimos salir con vida. Yo tuve que coserme varias heridas, Gottschalk quedó incluso peor que yo, pero no teníamos tiempo para descansar. Teníamos que encontrar a ese maldito engendro y averiguar cómo matarlo. Y rápido.
Carta. 12 x 15 cm.
Fraile Daniel:
Encontramos a la bestia y nos enfrentamos a ella, aunque me avergüenza decir que tuvimos que retirarnos de nuevo. Esa armadura que lleva está demasiado seca y las bombas no se adhieren, aunque la explosión sí que le hace daño. Malgastamos un montón de balas tratando de frenarla, pero la piel que le recubre las piernas parece especialmente dura. Las balas rebotaban y, si le hacían algún daño, no daba señales ningunas de ello.
Si la encuentra antes de que la localicemos nosotros de nuevo, espero que esta información le sirva de algo.
Nunca le he dicho lo mucho que me alegro de haberle escuchado rezando aquella primera noche. Siempre voy a misa, siempre he ido, pero no diría que soy una santa. Tengo dudas, como todos, y ahora más que nunca. Pero usted tenía tanta seguridad… Usted sabía que esta cosa vendría, y sabía que era un engendro impío. Y yo sé que haré lo que esté en mi mano para detenerla.
Con toda mi fe,
Prudence Stallworth
Cuaderno de Laura Gottschalk. Encuadernado en cuero y grabado con símbolos desconocidos. La tinta parece ser sangre. 20 x 27 cm.
Cuando estaba en la Noche del Cazador, las visiones me sobrevenían cada vez que ejecutaba un sacrificio. Me niego a creer que hayan parado solo porque me expulsaran. ¡Era fiel devota! ¡Siempre creí! ¡Aún sigo realizando los rituales y observando las señales! Pero da igual cuántas gargantas rebane, de conejos y zorros y hombres, y cuánta sangre burbujeante vierta sobre la tierra, mis ojos continúan sin ver.
Tan solo necesito más sangre, estoy convencida. Si puedo atrapar a la bestia que estamos siguiendo, ese demonio que gorgotea y se atraganta y escupe y se deleita con ella, si puedo sacrificarla, seguro que será suficiente. Así se me mostrará el final hermoso, con su luz que resplandece de gloria. Oiré los gritos y las trompetas. Sabré lo rápido que se avecina.
El día del juicio final llegará para todos, justos y sanguinarios por igual. Y hemos de precipitar su advenimiento.
Carta. 15 x 20 cm.
Otis:
No te he visto el pelo desde hace un tiempo, pero supongo que seguirás con vida, llevando ese maldito sombrero tuyo. Bridgewater y yo nos separamos durante un tiempo. Se unió a los Justos, igual que yo, pero ahora estoy cazando con unos compañeros nuevos. Los tres de mi grupo queremos más que nadie asegurarnos de matar bien muerto a este nuevo monstruo.
Te escribo para advertirte algo, en caso de que te topes con él. Cuando se siente acorralado, cambia. Nunca había visto nada igual. Si intentas mantener las distancias, tiene otras formas de morderte. Asegúrate de usar todo tu ingenio y de llevar algo que prenda fuego. No parece que le guste el calor.
Nunca te conté lo que hice por Lynch en aquel entonces, y ahora tampoco es el momento. Pero ese hombre, Russett, solía ser como tú. Más alto que la mayoría. Buena puntería, buen ojo. No mucho que perder. Esa mujer podría andar tramando algo. No escuches nada de lo que diga. Ya sé que todos dicen que fue ella la que creó la inoculación, y que sus ojos fueron los primeros en abrirse a la Visión Oscura, y que todos nosotros nos habríamos infectado de no ser por nuestra iniciación. Pero después de todo este tiempo, no sé si me lo creo. A lo mejor lo que no me creo es que esa mujer tenga intención de poner fin a todo esto. Sea como sea, las cosas van a peor. Ojalá supiera cómo… o por qué. Pero cuando la tenga delante, la mataré sin preguntar primero.
Ambrose
Cuaderno de Laura Gottschalk. 20 x 27 cm.
Lo hemos conseguido, y no sin esfuerzo. Ahora estaríamos todos muertos si no le hubiera disparado a esa cosa cuando se abalanzó contra nosotros, interrumpiéndole la concentración. Menuda batalla. Las botas se me enredaban en las venas y resbalaban sobre la sangre… El hombro todavía me palpita donde ese tentáculo asqueroso que le salía del tórax me clavó las pinzas. La bestia era una cambiaformas. Una pesadilla desollada. Un visitante del mundo cegador de mis visiones. El Sangrante.
Me daba miedo, pero no por el motivo que cabría esperar. El monstruo temblaba como si se muriera de sed y saltaba como si estuviera poseído. Como si no pudiera controlarse. Como si, quizás, ni siquiera quisiese atacarnos, pero no tuviera alternativa. Gritaba como si jamás fuese a saciarse, sin importar cuánto bebiera. Pero cuando satisfacía su ansia, chillaba de dolor. Jamás había visto una compulsión semejante y, al presenciarla, mi corazón se acobardaba.
Pero al final lo matamos y, como esperaba, el sacrificio funcionó. Fue todo un alivio volver a tener una visión después de tanto tiempo. Hazen y Stallworth me dijeron que empecé a sacudirme, a llorar y a reír histéricamente. No lo recuerdo. Solo me acuerdo de lo claras, brillantes e intensas que eran las imágenes ante mis ojos.
Ahora sé sin atisbo de dudas lo que debo hacer para ver el fin de los tiempos. Al igual que la luna de sangre sobre el cielo, todos debemos viajar hacia el oeste.