- Fechas
- Desde 5 de agosto de 2026
- Precio
1250- Capítulos · Retos
- 4 · 20
- Sigilos
56
Cuenta para el equipo Las bajas y el daño de tus compañeros también hacen avanzar este reto
Disparar contra los cazadores enemigos usando cualquier variante de: Bornheim Núm. 3
Inflige daño a los cazadores enemigos usando: Rifles
Recoger pistas o encontrar las guaridas de jefes objetivo
Mata Colmenas o Inmoladores
Ganar EXP con cazadores
Gasta sigilos para conseguir recompensas. Desbloquea la siguiente página gastando sigilos suficientes.
Requisito de desbloqueo
10
Gasta 10 sigilos para desbloquear esta página
Inflige daño a los cazadores enemigos usando: Munición encamisada o Munición ultrarrápida
Inflige daño a los cazadores enemigos usando cualquier variante de: Mako 1895
Desbloquear objetos sellados o adquirir armas selladas
Saquea: Cazadores, Sacos o Cajas registradoras
Mata Monstruos con: Daño por envenenamiento
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Requisito de desbloqueo
20
Gasta 20 sigilos para desbloquear esta página
Disparar contra los cazadores enemigos usando cualquier variante de: Conquistador 73C
Acierta disparos en la cabeza de los cazadores enemigos usando: Pistolas
Destierra a los objetivos o activa Manantiales
Extraer cajas de mercancías o fichas de botín
Mata Blindados o Brutos Soldados
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Inflige daño a los cazadores enemigos usando: Munición explosiva o Munición incendiaria
Inflige daño a los cazadores enemigos usando cualquier variante de: Marathon
Matar a un jefe, desterrarlo y extraer su ficha de botín
Provocar quemaduras o envenenamiento a los cazadores enemigos
Mata Monstruos con: Daño de fuego
Carta: 12 x 20 cm. Se han tachado el nombre y la dirección del destinatario con tinta negra.
Una propuesta para mi estimado benefactor. He sido fiel servidor del estado y ahora estoy dispuesto a ceder tal responsabilidad y servir como su Representante en un asunto delicado.
Sé que está a punto de completar su colección, pero sospecho que aún quedan más tesoros por descubrir. He oído decir que ese tal “Regimiento n.º 26” ha desertado del ejército para ir a investigar unos informes muy extraños que enviaron sus exploradores. Sin nuestro apoyo, los aplastarán como a insectos cuando lleguen a su destino, así que sugiero que financiemos su misión. Dejemos que hagan mella en esa tierra y en sus residentes indomables, y yo iré avanzando tras ellos. Si encuentro un talismán nuevo, lo traeré conmigo para jugar otra ronda a nuestro juego favorito.
Carta: 12 x 20 cm. Se han tachado el nombre y la dirección del destinatario con tinta negra.
He llegado al campo de batalla, y no salgo de mi asombro. Parece que el Regimiento n.º 26, a pesar de todo su entrenamiento, no es más que carne de cañón es este lugar. Ni siquiera han aprendido aún a quemar a los caídos. Pasé junto a un soldado putrefacto que estaba dándose un banquete con el compañero que se había quedado para enterrarlo. La tierra de su sepultura, removida. La mano rígida de su amigo aún sostenía la pala. Quemé ambos cadáveres, pues el sonido que hacía al masticar me resulta indecoroso. Al menos los del 26 han sido útiles, a pesar de la distracción.
Estoy rebuscando bajo cada humilde piedra, tratando de encontrar el talismán que predijo que estaría aquí, pero aún no he visto ni rastro de la “Tierra de los Muertos”. Cuánto odio incluso tener que escribir ese término. Me atrevo a decir que no se debería poner nombre a ningún sitio hasta que un hombre haya cartografiado su superficie a lo largo y ancho y categorizado todos sus recursos. Pero con su investigación a mano, tal vez me baste. La zona ha cambiado desde la última vez que estuve aquí: hay unos nidos extraños y fortificaciones nuevas. Quizá le interesarían los altares que veo tras las empalizadas. Estoy formulando un plan.
Entrada de un diario encuadernado en cuero y con bordes dorados: 10 x 15 cm.
Encontré un escuadrón de soldados que huía de un conflicto. Algunos llevaban las manos atadas con cuerdas y los rostros manchados con sangre negra. Con mi Mako, acabé con el sufrimiento de todos menos uno: el que no parecía estar aterrorizado, solo exhausto. Si alguien sabe mirar a la cara impasible de la muerte, está claro que ese es un soldado.
Le ordené que construyera un altar como los que había visto por la zona: armas entrelazadas en una súplica, plegarias protectoras pintadas en sangre. Ruegos desesperados por un poco de orden, camas limpias y rectitud. No hizo falta que le apuntara a la cabeza con el arma para que hiciera otro. Trabajó incansable: arrebatándoles las orejas, las balas y las medallas a sus compañeros caídos, vomitando la misma sustancia negra que manchaba reseca su cara. Pero no siento el mismo cosquilleo en la nuca, no como la última vez. Le enviaré a mi estimado benefactor una muestra del vómito por globo, aunque sea repugnante. Tal vez tenga sugerencias… y me envíe un par de guantes nuevos.
Entrada de un diario encuadernado en cuero y con bordes dorados: 10 x 15 cm.
Cuánto me alegra haber recibido tanto los guantes nuevos como información nueva. La sangre que vomitó aquel soldado tenía un brillo plateado como el relámpago, muy característico, y que estaba presente también en otro artículo de la colección de mi benefactor. El soldado me había hablado de una creencia a la que se aferraba, una forma de luchar incluso en el más allá. No eran más que desvaríos de un demente, por supuesto, pero le pedí que me contara más, que construyera sus altares, que me enseñara sus rituales. Se comió a sus compañeros, a los que yo había disparado, y no me pidió jamás que le diese un poco de mi comida. Valoro mucho esa autosuficiencia, sin duda.
Pero tras todo aquello, los vómitos no cesaban. Se volvió en mi contra, como si yo fuera la voz a la que rezaba, por no responderle, por no haber salvado a ninguno. Le abrí un agujero en la cabeza antes de que pudiera dar dos pasos. Los músculos de su estómago seguían contorsionándose incluso después de dejar de respirar. Le rajé el vientre y metí la mano en su estómago —otro par de guantes a la basura— y saqué algo que estaba hecho de metal retorcido.
Creo que es una especie de llave.
Carta dirigida al Sheriff Hardin, 12 x 20 cm.
Saludos, viejo compatriota. Espero que no te importe que esté usando tu antiguo título, incluso aunque haga ya mucho que el pueblo donde servías no exista como tal. Estoy regresando de otra visita, cubriendo mis huellas con fuego, ya que no tengo intención alguna de que todo este asunto llegue a Washington sin mi permiso. A ti, sin embargo, te diré que he encontrado un trofeo nuevo muy interesante en un lugar de lo más inesperado. Hay muchos que podría vender o regalar a… coleccionistas, investigadores, ocultistas o cartógrafos. Pero este voy a quedármelo para mí. Ya veremos cómo va la subasta, una vez que reunamos a todos nuestros amigos y conocidos.
¿Cómo van tus asuntos por el oeste? Me gustaría saber más detalles en cuanto tengas lugar. Como ya te dije una vez, para implantar una nueva ley hay que sacrificar la anterior. Y estos últimos días he aprendido mucho de sacrificios.