- Fechas
- Desde 15 de julio de 2026
- Precio
1350- Capítulos · Retos
- 4 · 18
5250 dólares Hunt
3500 de EXP de linaje
Cuenta para el equipo Las bajas y el daño de tus compañeros también hacen avanzar este reto
Inflige daño a los cazadores enemigos usando: Trampas o Consumibles
Recoge pistas o cierra grietas
Mata Monstruos con: Daños cuerpo a cuerpo
Mata Cuervos, Patos o Caballos
Mata objetivos o cazadores enemigos con: Lanza arrojadiza
Inflige daño a los cazadores enemigos usando: Rifles
Alcanzar el nivel de cazador 50 con Halcón de Huesos
Mata Moles o Cachocarnes con: Herramientas
Inflige daño a los cazadores enemigos usando cualquier variante de: Sparks
Acertar disparos a cazadores enemigos desde al menos 50 metros
Inflige daño a los cazadores enemigos usando: Pistolas
Provocar hemorragia a los cazadores enemigos
Mata Colmenas con: Daño de fuego
Matar cazadores enemigos con: Lanzabombas o Arpón explosivo
Inflige daño a los cazadores enemigos usando: Armas con mira
Mata Blindados con: Daño por envenenamiento
Acierta disparos en la cabeza de los cazadores enemigos
Saquea: fichas de botín o Núcleos de rasgo
Página escrita a mano: 12 x 20 cm. Encontrada en un carro de correos volcado.
Mentiroso. Traidor. Te atreves a abandonarme mientras duermo, ¿sin ni siquiera un mísero adiós?
Fuiste tú quien me enseñó a preparar una calavera. A desmochar la cabeza. A arrancar la lengua. A raspar con el cuchillo para quitar todo lo posible: las mejillas carnosas, el cuero cabelludo enfangado de sangre. A retirar los restos escurridizos de piel y a hervirlos. A romper los tejidos sobrantes. A mantener el cráneo húmedo mientras tú trabajas. A arrebatarle cualquier atisbo de carne que en su día le diera luz y vida.
Yo estaba deseando aprender. Pero tú fruncías el ceño cuando yo estaba más interesada en lo que había dentro del cráneo. Me decías que tardaba demasiado “jugando” con él. Pero no estaba jugando. Me estaba maravillando por su suavidad. Saboreando la asombrosa calidez que cedía ante la muerte y el frío demasiado rápido. Me decías que me faltaba atención. Que te estaba frenando.
Bueno, ahora que no estás aquí para meterme prisa, he profundizado aún más en mis caprichos. Y he aprendido algo: Tú eres el animal más débil.
Algún día lo aprenderás tú también. Pero eso solo sucederá cuando yo haya decidido que ha llegado el momento de enseñarte.
Página escrita a mano: 12 x 20 cm. Encontrada abandonada bajo el crematorio Pitching.
Estos monstruos están llenos de milagros. Me gusta abrirlos en canal y admirar su interior: órganos templados infestados de larvas de moscas que se retuercen. Sanguijuelas que apestan a muerte. Hurgo y aprieto y desgarro. Me llena de placer saber que puedo tomarme todo el tiempo que quiera sin que nadie me meta prisa.
Pero últimamente me cuesta sentirme saciada. Quiero… más. La primera vez que sorbí por instinto el tuétano esponjoso de una pelvis que acababa de partir, me sacié como nunca antes. Ahora estoy sola, y en el silencio mi hambre crece. Debo llenar este vacío con más carne.
Si matar monstruos convierte a alguien en una leyenda, ¿en qué te convierte el comértelos? Pocos son los que tendrían el estómago o las agallas para descubrirlo. Pero yo sí. Qué maravilla es tener nada que perder y todo por ganar. Averiguaré hasta qué punto mi espíritu es insaciable.
Página escrita a mano: 12 x 20 cm. Encontrada abandonada bajo el crematorio Pitching.
Estoy completa. Me deleito en el inmenso placer de haber logrado llenar el vacío que sentía. Incluso ahora, todavía siento los efectos del Cachocarne que consumí. Aún oigo las voces, y los sonidos: una mujer que grita por el dolor de un parto, rogando que alguien los ayude a ella y a su bebé. Los sonidos acuosos de la carne que se desgarra. Y anoche, soñé con las sanguijuelas. Se extendían por todo mi torso desnudo, y mientras una se arrastraba hacia mi pecho, sabía que se alimentaría de mí como un bebé, y que yo se lo permitiría. No era yo, ni tampoco la mujer que gritaba. Era otra persona. Alguien que la buscaba a ella.
Esta innegable conexión ha afectado a mi forma de cazarlos. Sigo matándolos sin piedad, con placer salvaje, aplastándoles las partes más suaves con un mazo, despedazándoles las piernas con dinamita. Pero hay una nueva oscuridad que se agita en mi interior cuando veo uno. Esa hambre, su llamada, me da ventaja sobre el resto, me hace mejor. Al principio sentía rencor por haber tenido que aprenderlo sola. Pero ahora me siento agradecida.
Necesito más. Cierro los ojos y me imagino persiguiendo a la siguiente monstruosidad que debería consumir, madura y llena de potencial: esa Araña.
Página escrita a mano: 12 x 20 cm. Encontrada abandonada bajo el crematorio Pitching.
El grito que profirió la Araña al morir fue sublime. Fue todo lo que esperaba, un canto del cisne lleno de dolor y furia y derrota. Arrastré su cadáver desde las profundidades del crematorio Pitching y lo llevé hasta mi campamento para prepararlo.
Jamás había visto una tan de cerca, y descubrí que se trataba de una fusión perversa y espectacular de cuerpos humanos. Yo había asumido que las piezas pertenecían a los cuerpos de otros cazadores, pero no todas ellas estaban del todo desarrolladas. Algunas eran pequeñas y delicadas. Los apéndices de la Araña formaban ángulos antinaturales y afilados que parecían reflejarse en los rostros de dolor ocultos debajo, entre los pliegues de carne. Hizo que se me helara la sangre.
Al verlo, casi cambio de idea. ¿Qué significaría comer de esta carne? Pero ya he llegado demasiado lejos como para sucumbir a menudencias como el miedo o la duda.
Así que rompí los apéndices como cuando uno come cangrejos corruptos, y devoré los pedazos suaves de carne desmenuzada que se cobijaban en aquel caparazón duro y peludo. Incluso ahora mientras escribo, el olor agrio me revuelve el estómago con una expectación curiosa y perversa.
¿Qué me hará? ¿Qué veré? ¿En quién me convertiré?
Página escrita a mano: 12 x 20 cm. Encontrada en un carro de correos volcado.
Si hubieses estado allí, esto jamás habría ocurrido.
Pero no. No acepto el arrepentimiento. Retiro lo dicho. Me arrepiento de mi arrepentimiento, no de lo que vi. Aquel foso lleno de todas aquellas personas… y yo. Las moscas que cubrían nuestros cuerpos destripados, como ropajes sepulcrales. Los cuervos cebados y saciados de nuestra carne. No podía moverme. No podía pensar. Tan solo existía. Lo que a mi espíritu le parecieron años, acabó siendo solo una noche de inconsciencia a causa de la carne envenenada de la Araña.
He cambiado. Tal vez otros cambien también si les permito saborear estos cuerpos.
Qué necios éramos al asumir que las telarañas de la Araña estaban hechas de alguna especie de seda blasfema, y no de las almas de un sinfín de muertos. Esas telarañas están vivas, a su trágica manera. Tejidas con almas de polillas para atrapar a los vivos y a los muertos. La próxima vez que cortes alguna con tu bayoneta o le prendas fuego para limpiarla, recuérdalo.