- Fechas
- Desde 13 de mayo de 2026
- Precio
1250- Capítulos · Retos
- 3 · 15
- Sigilos
42
Cuenta para el equipo Las bajas y el daño de tus compañeros también hacen avanzar este reto
Inflige daño a los cazadores enemigos usando cualquier variante de: Conquistador 73C
Inflige daño a los cazadores enemigos usando: Pistolas
Recoger pistas o encontrar las guaridas de jefes objetivo
Restablece tu propia salud o la de tus compañeros de equipo
Visitar recintos o revelar ubicaciones ocultas
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Requisito de desbloqueo
10
Gasta 10 sigilos para desbloquear esta página
Inflige daño a los cazadores enemigos usando: Armas con silenciador
Inflige daño a los cazadores enemigos usando: Rifles
Destierra a los objetivos o activa Manantiales
Mata Monstruos con: Hachas arrojadizas
Ganar EXP con cazadores
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Requisito de desbloqueo
20
Gasta 20 sigilos para desbloquear esta página
Inflige daño a los cazadores enemigos usando cualquier variante de: Pistola modificada
Dispara contra los cazadores enemigos y acierta usando: Arco de caza
Extraerse de la misión con una ficha de botín o ser el último superviviente
Mata Monstruos con: Arco de caza
Mata Escupefuegos o Inmoladores
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Registro de la investigación de Nahotabi, bibliotecario veterano
En un principio, vinimos juntos a Luisiana. La gente de aquí necesitaba formas nuevas de luchar contra los monstruos y contra los hombres monstruosos. Nosotros teníamos mucha experiencia con ambos, incluso antes del pantano. En cuanto a las abominaciones, al inicio las cosas eran fáciles: una vez que conocías las debilidades individuales de cada uno de ellos, acabar con ellos era tan natural como caminar.
Pero siguieron apareciendo monstruos nuevos, con nuevas formas de masacrar a los menos preparados. Si pudiéramos localizar un punto de origen —alguna especie de vientre pulsante en la tierra, en las minas o en las catacumbas—, nuestras posibilidades de acabar con la corrupción aumentarían.
Con ese fin, nos separamos para cubrir más terreno, buscando señales de esa cuna maldita. Pasó el tiempo. La Exiliada se convirtió en la Desterrada. La Peregrina se convirtió en la Orientadora. Y yo me convertí en el Tercer Hermano. Todos nosotros sufrimos transformaciones debido al tiempo que pasamos aquí. Pero, al final, la comunicación cesó. Los meses de fracasos sugirieron que habíamos perdido el tiempo.
Todo cambió, no obstante, con una visita inesperada.
Registro de la investigación de Nahotabi, bibliotecario veterano
Estaba siguiendo el rastro de una Mole cuando la Clarividente me encontró. Me llamó por mi nombre, y aquello hizo que me detuviera en el acto. Era fácil olvidar que la historia de la llegada de mi trío se había extendido por todo el pantano. Solían llamarnos los “expertos en monstruos”, pero todavía había muchas cosas que no sabíamos.
—¿Dónde están tus compañeras? —me preguntó—. Se suponía que estaban aquí.
Si hubiera querido matarme, ya lo habría hecho. O lo habría intentado, al menos. Bajé mi rifle lentamente.
—No las he visto.
—He estado investigando la corrupción —dijo, visiblemente irritada por mi respuesta—. Me ha plagado de visiones.
Antes de que pudiera responder, sacó apresuradamente de su abrigo un dibujo arrugado de tres figuras. Símbolos, tal vez.
—¿Las habías visto antes? —me preguntó. Yo admití que no.
—Encuentra a tus compañeras. —Estaba claro que la había decepcionado por no entender de qué me hablaba—. Os he visto a los tres con el terror en vuestros rostros y llamas en vuestros ojos. Luego vi estas figuras. —Me dio el dibujo, estampándomelo contra el pecho hasta que lo cogí.
Partí poco después de que ella se marchara.
Registro de la investigación de Nahotabi, bibliotecario veterano
El terror en vuestros rostros, me había dicho la Clarividente. Llamas en vuestros ojos.
Ahora lo entendía. Encontrar a las otras había sido fácil. Descifrar lo que debíamos hacer a continuación ya era otra cosa. Las otras no sabían tampoco qué significaba aquello. La Orientadora había encontrado varios cuerpos decapitados y quería rastrear a la criatura responsable.
Nuestra sorpresa fue inmensa cuando el rastro no nos llevó hasta un monstruo, sino hasta un cazador. Un miembro de la Banda del Tránsfuga. Lo llaman el Coleccionista de Cabezas. Lo vimos decapitar a un enemigo caído, agazapados tras unos arbustos. Otro fracaso más. Nuestro propósito parecía cada vez más inútil.
Pero entonces se produjo un milagro oscuro. La brutalidad se convirtió en descubrimiento. Llegó un segundo hombre. Él y el Coleccionista de Cabezas discutieron.
—Haz lo que sea que tengas que hacer para sentirte mejor por la muerte de tus padres —dijo el hombre, y el Coleccionista de Cabezas rugió—. Lucharon con fiereza para ser tan débiles y frágiles. Pero el fuego siempre gana.
Así fue como empezaron. El terror y las llamas.
Registro de la investigación de Nahotabi, bibliotecario veterano
Después, los tres nos retiramos a las sombras para discutir lo que habíamos visto. El tipo al que el Coleccionista de Cabezas había atacado era un hombre corriente al principio, gritando mientras su cuerpo se quemaba. Pero en un instante, todo cambió. Aunque no teníamos claro qué la había provocado, se había producido una transformación.
Los gritos del hombre se convirtieron en otra cosa.
Recuerdo la forma en la que se le había iluminado el pecho, como si estuviera relleno de metal fundido. En ese momento ya no parecía un hombre, sino un ente. Un ente cuyo aliento de fuego asolaba la tierra, esparciendo las llamas.
Miré las caras de mis compañeras y supe que también lo habían visto. Nos habíamos equivocado. El vientre no estaba en la tierra, en las minas ni en las catacumbas.
La corrupción se originaba en el interior de la gente.
Antes de despedirnos, la Desterrada nos dijo que había fabricado unos regalos para todos. Eran recordatorios, nos dijo, de que estábamos juntos en esto, y que nuestro propósito jamás se perdería. Me quedé sin palabras cuando sacó los obsequios de su saco. Los amuletos tenían un aspecto terriblemente familiar, idénticos por completo a las figuras que había dibujado la Clarividente.